Este espacio está abierto para compartir tus opiniones, reflexiones y aprendizajes a partir de la película proyectada en el Cineclub CInIG-CUAED. Te invitamos a expresar tus ideas de manera respetuosa, considerando la diversidad de experiencias y perspectivas que conforman nuestra comunidad.
Recuerda que este es un espacio de convivencia y construcción colectiva, por lo que te pedimos seguir las normas básicas de respeto, no emitir comentarios ofensivos ni discriminatorios, y enfocarte en el análisis de los temas abordados desde una perspectiva de igualdad y no violencia de género.
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Me pareció muy lenta pero es buena.
Me gustó el contexto histórico que se muestra en la película y los detalles de la ciudad en aquella época.
Lo que más rescato de este filme es que a pesar de ser de una posición económica media alta, aunque el señor de la casa les tenía medida hasta la electricidad que ocupaban a Cleo y la otra chica como trabajadoras domésticas, el sentido humano de la señora de la casa al saber que Cleo está embarazada, no le reprocha, ni la corre, al contrario, la lleva al doctor para que la revisen, y luego la abuela hasta la lleva a escoger una cuna para su bebé, me pareció un sentido humano enorme, la confianza que depositan en Cleo y el cariño que se ha ganado de los niños de la casa, me hizo recordar que en casa había una persona muy querida por mi familia “Doña Mary” que llegó a ayudar a mi mamá en el lavado y planchado de la ropa desde 1971 y hasta 1995 aproximadamente, era una señora de Oaxaca que vivía aquí en la Ciudad y su esposo murió cuando eran muy jóvenes aún, la dejó con 7 hijos y ella los sacó adelante con el trabajo doméstico, pero mis padres siempre nos enseñaron a valorar su trabajo, a jamás faltarle al respeto y tratarlos como iguales, muchas veces llevaba a alguno de sus hijos a la casa y lo que comíamos nosotros, lo mismo comían ellos, les prestábamos nuestros juguetes y nunca los hacíamos menos, comíamos en la misma mesa y conviviámos con ellos, otro recuerdo que agolpó en mi mente fue ver ese auto Valiant de los 70’s, papá tenía uno de color blanco, amaba ese coche y con ese fuimos cada año de Vacaciones a Acapulco, esa escena dónde van llegando a la playa era el momento mismo cuando llegábamos al puerto y veíamos a lo lejos el hermoso mar. Esa escena donde Cleo sin saber nadar salva a los niños es muy fuerte, pues al mismo tiempo suelta el dolor de haber perdido a su bebé y de sentirse culpable por que ella no quería que naciera y que se enfrentara a un mundo tan difícil, y la frustración que aún en estos tiempos muchas se dejan engañar por tipos nefatos, fanfarrones y sin principios que se aprovechan de su ingeniudad e ignorancia, y cómo por otro lado la familia para la que trabaja debe empezar una nueva vida después del abandono del padre, de su cobardía de no dar la cara a sus hijos para enfrentarlos y decirles que el matrimonio se acabó pero eso no quiere decir que no los ame y que seguirá pendiente de ellos, dejando todo en manos de la mamá, al final las trabajadoras domésticas eran, son y siguen siendo parte fundamental en casas dónde trabaja tanto el papá como la mamá, o dónde hay un padre ausente y es muy difícil encontrar una persona honrada, confiable, honesta y si la encuentras hay que valorar su trabajo, su esfuerzo y su entrega. Cómo mujeres somos muy fuertes y después de pasar tanto dolor y el duelo de una pérdida, ya sea de un ser querido, de un trabajo, de cualquier cosa, secamos las lágrimas y seguimos adelante.
“Roma” es una película que cala profundamente, no solo por su belleza visual o su aparente sencillez, sino por la manera en que expone, con sutileza pero con fuerza, las múltiples violencias que atraviesan la vida de las mujeres. Me dejó pensando en lo cotidiano como espacio de resistencia, pero también como escenario de opresión.
Cleo, desde su silencio, nos muestra todo lo que sostiene sin ser reconocida. Está ahí para cuidar, para limpiar, para consolar, para esperar… y sin embargo, también es ignorada, tratada con condescendencia o como parte del mobiliario de la casa. Su historia se entrelaza con la de Sofía, quien, desde una posición distinta, también enfrenta el abandono, la traición y el desmoronamiento de su vida conyugal. Ambas mujeres habitan distintos lugares en la jerarquía social, pero ambas comparten el peso de los mandatos de género: callar, aguantar, cuidar.
La figura del esposo ausente, que abandona sin enfrentar, y la del novio de Cleo, que desaparece tras saber del embarazo y más tarde se muestra violento y cruel, retratan una masculinidad que evade, que huye, que impone miedo. En contraste, las mujeres siguen ahí: organizando, resolviendo, conteniendo. Y sin embargo, esa fortaleza no debería romantizarse, porque nace muchas veces del desamparo y la falta de opciones. Lo que confronta es lo que hemos aprendido a normalizar, porque lo que le pasa a Cleo no es extraordinario, es estructural. Es el reflejo de un sistema que sigue operando, donde la desigualdad de clase, de género y de origen se entreteje en cada gesto, cada silencio, cada omisión.
Considero que esta película nos obliga a mirar. A reconocer que muchas de las historias que hemos ignorado merecen ser contadas con dignidad. Y que la transformación empieza por dejar de considerar lo cotidiano como neutro, y empezar a nombrarlo desde la justicia, la memoria y la empatía.